martes, 6 de enero de 2009

Cuentos en verso para niños perversos V: Ricitos de Oro

Hey! que aun falta... insisto estas son las traducciones oficiales aunque por ser traducciones no queden exactamente perfectas... pero bueno....

aqui va otro cuento...

Ricitos de oro Y los Tres osos





¡Jamás debió ponerse en un estante

una bellaquería semejante!


¿Cómo una madre amante y responsable

puede dejar la historia detestable

de esta malvada niña entre las manos

de unos retoños cándidos y sanos?


Si de mí dependiera, Rizos de Oro

estaría entre rejas como un loro...


Imagínense ustedes qué gracioso

resulta hacer potaje para oso,

café y bollitos con su mermelada

y, con la mesa puesta y preparada,

que diga Papá Oso: ¡Mil cornejas!

¡La sopa está que quema las orejas!


Vamos a darnos un paseo juntos

hasta que este potaje esté en su punto.

Además, caminar un buen ratito

nos abrirá mejor el apetito .


Ninguna ama de casa se opondría

a propuesta de tal sabiduría

‑y menos con el genio singular

de un oso cuando es hora de almorzar.


Pues bien, en cuanto dejan la mansión

se cuela Rizos de Oro en el salón

y, cual reptil sinuoso y repelente,

lo curiosea todo soezmente.


Al punto ve el potaje apetitoso

que puso en los tres platos Mamá Oso

y, en menos tiempo del que aquí se cuenta,

sobre ellos se abalanza violenta.


Imagínense, insisto, qué faena,

después de preparar cosa tan buena,

que acabe en el estómago incivil

de alguna delincuente juvenil.


¡Y no acaba ahí la cosa!, lo mejor

viene a continuación de lo anterior.


Como mujer de hogar que usted se siente,

ha ido con todo amor, pacientemente,

coleccionando muchos trastos viejos:

un angelote manco, dos espejos,

tres sillas y un armario estilo imperio

comprados en subasta y, lo más serio,

una silla de niño isabelina

que un día heredó usted de su madrina.


Es esa silla orgullo, prez y gloria

de su querida casa y no hay historia

que usted no cuente de ella y se derrita

cuando la enseña ufana a las visitas.


Pues, como iba diciendo, Rizos de Oro

sin el menor recato ni decoro

coloca su trasero gordinflón

sobre la silla histórica en cuestión

y, como no le importa tres pepinos

el mobiliario estilo isabelino,

se carga en un segundo malhadado

de su salón el mueble,más preciado.


Cualquier niña diría: ¡Qué desgracia!

¡Merezco un buen castigo por mi audacia! .

Pero no Rizos de Oro que, al contrario,

exhibe su peor vocabulario:

¡Maldito cachivache! y otras cosas

que, de tan malsonantes y espantosas,

no puedo ni me atrevo a transcribir

ni creo que se deban imprimir.


Ustedes pensarán que aquí termina

su expedición fatal nuestra heroína...

Pues yo lo siento mucho, amigos míos,

pero no acaba aquí todo este lío.


La miserable quiere echar la siesta,

así que va a mirar dónde se acuesta.


Sube a los dormitorios de los osos,

compara qué edredón es más lanoso,

los prueba del derecho y del revés,

y se echa en el más blando de los tres.


Como sabéis, la gente de provecho

se suele descalzar cuando va al lecho,

pero con Rizos de Oro no hay enmienda

ni se le ocurre cosa que no ofenda.

Podéis imaginaros lo muy guarros

que estaban sus zapatos, cuánto barro

pestífero llevaban en las suelas .

Hasta algo que hizo un perro y, por que huela

tan sólo a tinta el libro, uno se calla....


Y, digo una vez más: ¿Es que no estalla

cualquiera a quien un monstruo dormilón

le ponga hecho una cuadra su edredón?

¿Os dais cuenta cabal de la cadena

de crímenes tramados por la nena?


Crimen número uno: la acusada

comete allanamiento de morada.


Crimen número dos: el personaje

se queda con tres platos de potaje.


Crimen número tres: la muy cochina

destroza una sillita isabelina.


Crimen número cuatro: la madama

se limpia los zapatos en la cama...


Un juez no dudaría ni un instante:

¡Diez años de presidio a esa tunante! .

Pero en la historia, tal como se cuenta,

la miserable escapa tan contenta

mientras los niños gritan, encantados:

¡Qué bien; Ricitos de Oro se ha salvado! .


Yo, en cambio, le daría otro final

a un cuento tan infame y criminal:


¡Papá! ‑grita el Osito‑ estoy furioso.

No tengo sopa . ¡Vaya! ‑dice el Oso‑.

Pues sube al dormitorio: está en la cama,

metida en la barriga de una dama,

así que no tendrás más solución

que dar cuenta del caldo y del tazón .






que bueno que se la coman!!!


kisses


Yo


***How lucky I am!!***


viernes, 2 de enero de 2009

Pack de Fiesta!!!!

Hola a a todos pasaba por aquí...


que puedo decir las farras estuvieron buenas, la comida estuvo mejor y el tiempo... pues... eso no me alcanzo... LOL

así que lo hecho en combo ( mas vale tarde que nunca no?)

Feliz navidad ( y si no fue feliz pues se joden! :P):





Feliz AÑO NUEVO!!!!! ( o deberia decir "suerte a todos?")



bueno si tienen espejo ahí se ven!

pasen super...

y ahora si todos al riguroso régimen de perder la infinidad de librillas de mas que ganaron en las fiestas!!!

kisses

YO!

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Cuentos en verso para niños perversos IV: Los tres cerditos

HOLA!!!
disculparan la tardanza pero a esta servidora le dolia la panza!!! XD


LOS TRES CERDITOS



El animal mejor que yo recuerdo
es, con mucho y sin duda alguna, el cerdo.

El cerdo es bestia lista, es bestia amable,
es bestia noble, hermosa y agradable.

Mas, como en toda regla hay excepción,
también hay algún cerdo tontorrón.
Dígame usted si no: ¿qué pensaría
si, paseando por el Bosque un día,
topara con un cerdo que trabaja
haciéndose una gran casa... de paja?

El Lobo, que esto vio, pensó:


"Ese idiota
debe estar fatal de la pelota..."


"¡Cerdito, por favor, déjame entrar!".


"¡Ay no, que eres el Lobo, eso ni hablar!".


"¡Pues soplaré con más fuerza que el viento
y aplastaré tu casa en un momento!".


Y por más que rezó la criatura
el lobo destruyó su arquitectura.


"¡Qué afortunado soy! -pensó el bribón-.
¡Veo la vida de color jamón!".

Porque de aquel cerdito, al fin y al cabo,
ni se salvó el hogar ni quedó el rabo.

El Lobo siguió dando su paseo,
pero un rato después gritó: "¿Qué veo?
¡Otro lechón adicto al bricolaje
haciéndose una casa... de ramaje!


¡Cerdito, por favor, déjame entrar!".


"¡Ay no, que eres el Lobo, eso ni hablar!".


"¡Pues soplaré con más fuerza que el viento
y aplastaré tu casa en un momento!".

Farfulló el Lobo: "¡Ya verás, lechón!",
y se lanzó a soplar como un tifón.


El cerdo gritó: "¡No hace tanto rato
que te has desayunado! Hagamos un trato...".


El Lobo dijo: "¡Harás lo que yo diga!".
Y pronto estuvo el cerdo en su barriga.

"No ha sido mal almuerzo el que hemos hecho
pero aún no estoy del todo satisfecho
-se dijo el Lobo-. No me importaría
comerme otro cochino a mediodía".

De modo que, con paso subrepticio,
la fiera se acercó hasta otro edificio
en cuyo comedor otro marrano
trataba de ocultarse del villano.

La diferencia estaba en que el tercero,
de los tres era el menos majadero
y que, por si las moscas, el muy pillo
se había hecho la casa... ¡de ladrillo!

"¡Conmigo no podrás!", exclamó el cerdo.


"¡Tú debes de pensar que yo soy lerdo!
-le dijo el Lobo-. ¡No habrá quien impida
que tumbe de un soplido tu guarida!".

"Nunca podrá soplar lo suficiente
para arruinar mansión tan resistente",

le contestó el cochino con razón,
pues resistió la casa el ventarrón.

"Si no la puedo hacer volar soplando,
la volaré con pólvora... y andando",

dijo la bestia, y el lechón sagaz
que aquello oyó, chilló: "¡Serás capaz!"
y, lleno de zozobra y de congoja,
un número marcó: "¿Familia Roja?".

"¡Aló! ¿Quién llama? -le contestó ella-.

¡Guarrete! ¿Cómo estás? Yo aquí, tan bella
como acostumbro, ¿y tú?".

"Caperu, escucha.
Ven aquí en cuanto salgas de la ducha".

"¿Qué pasa?", preguntó Caperucita.

"Que el Lobo quiere darme dinamita,
y como tú de Lobos sabes mucho,
quizá puedas dejarle sin cartuchos".

"¡Querido marranín, porquete guapo!
Estaba proyectando irme de trapos,
así que, aunque me da cierta pereza,
iré en cuanto me seque la cabeza".

Poco después Caperu atravesaba
el Bosque de este cuento. El Lobo estaba
en medio del camino, con los dientes
brillando cual puñales relucientes,
los ojos como brasas encendidas,
todo él lleno de impulsos homicidas.

Pero Caperucita, -ahora de pie-
volvió a sacarse el arma del corsé
y alcanzó al Lobo en punto tan vital
que la lesión le resultó fatal.

El cerdo, que observaba ojo avizor,
gritó: "¡Caperucita es la mejor!".

¡Ay, puerco ingenuo! Tu pecado fue
fiarte de la chica del corsé.
Porque Caperu luce últimamente
no sólo dos pellizas imponentes
de Lobo, sino un maletín de mano
hecho con la mejor... ¡piel de marrano!


Ni una se le escapa a la chica de la capa... XD

kisses

Idi.

Pd: me falta juanito y las habichuelas... y tal vez algun otro... pero ya los conseguire lo prometo!!!


***How lucky I am!!***


 
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